Las primeras civilizaciones que surgieron sobre la tierra tuvieron que hallar la manera de dejar constancia de determinados hechos con proyección aritmética, que se producían con demasiada frecuencia y eran demasiado complejos como para poder ser conservados por la memoria. Reyes y sacerdotes necesitaban calcular la repartición de tributos y registrar su cobro por uno u otro medio. En último lugar los comerciantes han sido siempre el sector de la sociedad mas comprometido con cualquier nuevo procedimiento de registro de datos. Y mercaderes y cambistas los ha habido desde los primeros momentos en todas las civilizaciones.
Algunas sociedades que carecían de escritura en sentido estricto, utilizaron sin embargo, registros contables.
Ya en Mesopotámia, Egipto, Grecia y Roma aparecen los primeros documentos que recogen información económica. Posteriormente, con el desmoronamiento de la civilización romana se produce un gran retroceso, más bien una ruptura, originándose un gran vacío en Occidente que, al llegar al término de la Edad Media, hay que partir nuevamente de cero en lo que se refiere a información contable.
El desarrollo del crédito, la creación de sociedades mercantiles y el uso del contrato de mandato , en la Alta Edad Media, favorecen enormemente el crecimiento comercial. Las operaciones se hacen cada vez más complejas y, ante esta nueva perspectiva económica, surge el método de la partida doble que pretende satisfacer las crecientes exigencias informativas de la sociedad y, en especial de los comerciantes, para así conseguir una mejor organización y una administración más racional del negocio. En esta época, concretamente en 1494, ve la luz la primera obra impresa de contabilidad Summa de Arithmetica, Geometria, Proportioni et Proportionalita, de Fray L uca Pacioli, en la que se describen y recogen las prácticas existentes en la época relativas a la información emitida por los comerciantes y, en particular, sobre la partida doble.
Fruto de los cambios culturales, sociales y económicos acaecidos en la Europa occidental de la Edad Moderna –entre los que cabe destacar el mercantilismo– se produce, ya avanzado el siglo XVIII, la Revolución Industrial en Inglaterra. Este fenómeno determina un nuevo modelo de sociedad industrial que se exporta rápidamente a la Europa continental y norte de América, con la consiguiente expansión de la empresa, incremento y diversificación de la producción y una demanda creciente de información.
A partir de este momento y gracias a la acumulación de recursos, la sociedad ha progresado hasta nuestros días a pasos agigantados, lo que ha supuesto una honda transformación a todos los niveles. El eje de este avance ha sido la empresa, ésta como combinación de medios productivos encaminados a la obtención de bienes y servicios ha logrado producir más y mejor; esta progresión se ha debido, entre otros factores, a la división del trabajo y especialización de tareas, así como a la mayor complejidad de los procesos productivos.
El mundo actual, máxime en los países desarrollados, ofrece a los agentes económicos un gran abanico de posibilidades y alternativas de elección. Cualquier agente puede estar interesado en conocer: cómo ha utilizado el Estado los impuestos que pagó, qué inversión le puede resultar más rentable, qué entidad le prestará dinero en las condiciones más ventajosas, cuál es el Producto Interior Bruto de un país determinado, etc.
La creciente participación económica ha motivado que las fuentes de información abarquen contenidos más amplios, referidos a las empresas, al sector público y a la nación en su conjunto. Además, ante las inciertas expectativas que depara el actual entorno económico, llamado en más de una ocasión entorno turbulento, la información ha de ser más consistente y objetiva.
Si importante es la información que cualquier unidad económica difunde al exterior para que sus usuarios tomen decisiones acertadas, no es menos relevante aquella que permanece en la entidad para que los estamentos directivos decidan las líneas de actuación a seguir. Estos datos, distintos a los emitidos al mundo exterior, cobran especial relevancia conforme se desarrollan los procesos productivos y, aún más, en los últimos tiempos en los que la situación cambiante y la incertidumbre reinante exigen tomar decisiones que hagan que la unidad empresarial sea más competitiva, a fin de asegurar su supervivencia.
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